Tripartismo y Diálogo Social

Ambos conceptos nacen bajo el alero de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo que desde 1919 se ha caracterizado por ser un lugar de encuentro, debates y acuerdos entre los actores del mundo laboral – Trabajadores y Empleadores – y los Estados a través de los respectivos gobiernos.

El tripartismo (trabajadores, empleadores y gobiernos), es el reconocimiento y valoración de la importancia de estos tres actores en la definición e implementación de decisiones que afectan el desarrollo económicos, social y laboral de los trabajadores, trabajadoras y de sus respectivas sociedades. Esto se traduce en la constitución de espacios comunes donde representantes de los tres sectores dialogan y logran acuerdos en temáticas de relevancia.

El Diálogo Social es una metodología de trabajo que busca, a través de compartir información y debatir en conjunto, llegar a acuerdos entre quienes legítimamente tienen posiciones distintas, pero buscan un bien mayor.

Tripartismo y Dialogo Social son mecanismos que permiten avanzar hacia sociedades más equitativas y con mayor cohesión social. De ahí que tanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como diversos gobiernos del mundo y la región en particular, incluido Chile, se han hecho cargo de promoverlos.

El Diálogo Social y el Tripartismo son medios y no fines en sí mismos, es importante señalar que ambos son posibles en “entornos democráticos con plena vigencia de las libertades públicas y eficaz reconocimiento y garantía del ejercicio de los derechos políticos, sociales, económicos y culturales internacionalmente reconocidos y protegidos.”

La Organización Internacional del Trabajo ha establecido que el diálogo social es un medio fundamental para promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para conseguir un trabajo productivo y decente, en condiciones de libertad, seguridad y dignidad. De hecho, desde el año 1921 la propia OIT ha generado un conjunto de Convenios y Recomendaciones de carácter oficial que consagran el derecho tanto a la sindicalización como a la negociación colectiva, a la vez de proponer estrategias concretas para avanzar en la institucionalización del diálogo social. Pero no sólo eso, también se le atribuye la capacidad de resolver dificultades en otros planos, alentando el buen gobierno, la paz social y la estabilidad para impulsar el desarrollo económico.

Ciertamente, a la base de la definición anterior hay un concepto clave: participación. El diálogo social tiene sentido cuando todos los actores y en igualdad de condiciones son convocados a discutir acerca de temas de interés común.

En este contexto surgen nuevas formas de colaboración entre actores sociales y el estado, por lo que el diálogo social se configura como pieza de progreso, conformando a los agentes sociales en motores responsables de la economía de país.

De esta forma, muchas organizaciones e instituciones públicas y privadas han comenzado a funcionar bajo un esquema tripartito, en que trabajadores, empleadores y gobierno asumen roles de liderazgo en la definición y decisiones estratégicas de estos sistemas, esto, bajo la convicción de que son las instituciones tripartitas las que avanzan en mayores niveles de legitimidad ante sus usuarios, con lo cual el diálogo social ha ido ganando terreno como un mecanismo ampliamente validado para la toma de decisiones.